UN LUGAR IDEAL PARA TRABAJAR

March 28, 2018

En medio de un escenario de cambios, como el que vivimos hoy en donde las brechas generacionales, la incertidumbre y la volatilidad de los clientes se hace más frecuente y evidente; encontrar un lugar que realmente nos llene de satisfacción y nos brinde la posibilidad de crecer integralmente, a la par con el cumplimiento de los objetivos del negocio, se ha vuelto cada vez más valioso.

 

Por eso, cuando las empresas invierten en un mejor escenario de trabajo, que tenga elementos que permitan que sus trabajadores, se sientan cada vez mejor con su trabajo, obtiene como recompensa un grupo humano más productivo y con mejores resultados, basados en menos reprocesos, más articulaciones interdependientes y más enfoque en las acciones de cada uno.

 

Pero mejorar el escenario, no consiste en hacer más amable la estadía de los trabajadores y llenarlos de buenos escenarios sociales para que la “alegría exterior” aparezca y se sientan ambientes “relajados”. La esencia está fundamentada en la dinámica de trabajo que cada empleado desarrolla, para si y para los colegas que le rodean y ésta se ve reflejada en las conversaciones que se sostienen, en donde el sentimiento de los trabajadores inicia en la calidad del saludo que se conceden, hasta la calidad de los entregables que se comparten.

 

Cuando se hace moda organizacional, quejarse del trabajo o de las responsabilidades o de los retos que se presentan en su puesto de trabajo, definitivamente la empresa está pasando por su peor momento de trabajo. Es innegable que un ambiente opacado por la mala energía de sus empleados y por la poca disposición a dar un poco más para alcanzar el resultado; lleva a fracasos anticipados sobre los resultados propuestos.

 

Cuando las personas afirman “porqué tengo que hacer lo que hago”…, “si pudiera hacer otras cosas las haría”…, “este no es el jefe que quería”,… significa que los canales de comunicación de la Organización se obsoletizaron, la figura de liderazgo se diluyó, la conexión entre los objetivos personales, del equipo de trabajo y los Corporativos, se perdió.

 

Aquí muchas veces, nos diagnostican intervenciones desde los estudios de clima, que es en concreto, el indicador que primero se altera en la Organización; el problema, es que cuando avanzamos en acciones vía clima organizacional, se activan logros de corto plazo y poco impacto profundo, porque se está actuando sobre la sintomatología y no sobre la enfermedad.

 

Es necesario encontrar cuáles son los verdaderos detonantes de la “moral corporativa”, en qué valores sí creen las personas que trabajan juntas, cuáles son los momentos en los que es requerido el liderazgo y qué tipo de liderazgo realmente necesitan las personas, para descubrir el camino más expedito hacia el éxito personal y corporativo.

 

Un ambiente de trabajo deseado, tiene características de confianza entre los compañeros de trabajo, relacionamiento transversal entre personas de diferentes áreas para sus temas laborales, permite el trabajo colaborativo ordenado y efectivo, con diferentes niveles organizacionales; en donde se respetan los “derechos laborales” que para pocos directivos son evidentes y con un NORTE ÚNICO Y COMPARTIDO POR TODOS. 

 

Esto último, es el principal rol del líder. Interiorizar, convencer, acompañar, ayudar y movilizar a todos sus equipos de trabajo y audiencias de interés, alrededor de los principios y visión del negocio, de tal suerte que articula, la plataforma filosófica con las decisiones cotidianas y con los intereses personales de quienes le siguen.

 

Antes que nada, un líder es un modelador y por consiguiente un punto de referencia de COMPORTAMIENTO, frente a todas las personas sobre las cuales influye de manera directa e indirecta.

 

Ese ambiente de trabajo deseado, debe contar con líderes que tengan claro su norte, lo crean, definan un estilo homologado de liderazgo y sean capaces de traducir los principios en acciones cotidianas, replicables por todos los demás.

 

Un estilo de liderazgo para toda la organización, que permita la diversidad, que sea capaz de ver más allá de la “Brecha Generacional” y entienda que cada persona tiene detonadores diferentes de su productividad; que cuida de la salud y la seguridad de sus trabajadores; encuentra los momentos y espacios apropiados para reconocer y hacer visible los talentos de su equipo y el de los de otros; no le tiembla la voz para alertar a la organización, cuando se equivoca, pero no desde la queja, sino desde la crítica propositiva y resolutiva.

 

Parece simple y lógico, pero muchas son las organizaciones, que aún no han podido descifrar este principio y que por consiguiente, no logran transmitir ese norte común a las personas que trabajan con ellos; así, ese “caos” de criterio, avanza por toda la organización impidiendo que las personas puedan tener credibilidad en el propósito fundamental de la institución y no comparten la importancia de su trabajo frente al logro común, mucho menos si este trabajo, implica la atención tediosa de cientos de personas de “adentro y afuera” que desgasta su energía, colman su paciencia y le generan grandes niveles de estrés, haciendo de este “el peor lugar para trabajar” …. “¿Y como estás? Jodido, pero usted no tiene la culpa”

 

 

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